Educación vial o barbarie

Escribe: Martín Molina, profesor, instructor de la Policía de la Ciudad, División Tránsito de la Municipalidad de San Fernando del Valle.


Martín Molina

Parece mentira que, después de tantos años, los argentinos y sobre todo los catamarqueños elijamos seguir viviendo en la barbarie, esa barbarie que el maestro Domingo Faustino Sarmiento transcribiera en su obra “Facundo”, donde yo sé que muchos podríamos perdonar a esos bárbaros, indios, aborígenes dueños de nuestras tierras, porque se sintieron invadidos en su cultura, en sus costumbres. Esos dueños de la tierra que se defendían en aquellos tiempos atacando al enemigo, “huinca, huinca matando cristiano”, y salían aquellos en la oscuridad de la noche junto al malón, el tropel de caballos para hacer algún asalto, para aplacar su pobreza y arrasaban con todo, trayéndose consigo una que otra “cautiva” y terminar sus andanzas matando algún animal para el festín, bebiendo añapa quizás y terminar la noche en absoluto estado de ebriedad. 


Pasaron los años y con la llegada de los cambios, arquitectónicos, tecnológicos los pueblos se transformaron en ciudades, las ciudades en grandes desafíos, los medios de transporte fueron evolucionando y la conducta de los hombres involucionando, ni leyes, ni ordenanzas, ni normas han podido con esta rara especie de homo sapiens en nuestra sociedad, donde pareciera que un minúsculo número de habitantes seguimos creyendo en la civilización, esa que nace desde la conducta misma de los hombres adaptados a los cambios de prototipo, esos cambios que Fray Mamerto pregonaba, “sin sumisión no hay ley…solo hay desorden…que Dios libre a nuestra patria”…y todavía seguimos lidiando con todo esto.

En 1945 se realizó la primera ley de tránsito en Argentina. Cincuenta años después se sanciona la Primera Ley Nacional de Tránsito y no queremos aprender, nos molesta que nos controlen, nos molesta aceptar que libertad no es lo mismo que libertinaje, que somos argento y nos la bancamos, que somos dueños de las calles, de las vidas, y usamos la vía pública y los vehículos para seguir siendo los bárbaros, arriba de una moto o arriba de un auto. ¿Cuesta tanto entender que el cambio es posible? Parece que sí, ni las 22 muertes por día en siniestros viales, ni los miles de lesionados que están con secuelas de por vida está logrando generar un cambio y sin embargo aquí estamos, trabajando, luchando, creyendo y confiando que un mundo mejor es posible. Educación Vial o Barbarie, tú eliges, es el momento de un cambio.

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