Así mataron al secretario millonario de Cristina Kirchner: torturado ferozmente antes de morir

Por estas horas se desarrolla el juicio por el crimen de Fabián Gutiérrez, el exsecretario privado de Cristina Kirchner, asesinado en El Calafate en julio de 2020. Con un pedido de cadena perpetua para los tres jóvenes acusados del homicidio, Facundo Zaeta, Facundo Gómez y Pedro Monzón, la Cámara Criminal estará en condiciones de dar a conocer su veredicto el próximo viernes al mediodía, en la sede del Tribunal ubicada en Río Gallegos.

En su momento, Facundo Zaeta, uno de los sospechoso del asesinato, admitió que participó de “un plan de seducción” sobre Gutiérrez durante dos meses “enviando fotos de alto contenido sexual y todo tipo de comentarios para lograr su atención”, con el objetivo final de robarle dinero que se supone tenía en su casa, pero aseguró que el autor material del crimen fue otro de los detenidos, Facundo Gómez. “Viendo todo lo que pasó, yo hago la siguiente especulación: Gómez nos utilizó a mí y a Pedro (Monzón) con la idea del robo, y en el lugar decidió matar a Gutiérrez”, declaró Zaeta. “O capaz ya venía él con la idea de matarlo, había una historia entre ellos”, dijo en alusión a un negocio de venta de camionetas.

Gómez declaró al comienzo de la investigación, como una suerte de imputado colaborador (probablemente en plan de mejorar su situación), y guió al juez Carlos Narvarte hacia el hallazgo del cuerpo de Gutiérrez, enterrado junto a una cabaña que él mismo alquilaba. Monzón fue quien también guió al magistrado en una reconstrucción de los hechos por distintos puntos de El Calafate. Ambos acusaron a Facundo Zaeta de ser el autor del asesinato, que ocurrió en la casa del propio Gutiérrez y, según la autopsia, la causa de la muerte fue la asfixia mecánica provocada con la utilización de un cable, previo al ejercicio de torturas en las que habrían participado varias personas. Gutiérrez tenía golpes en la cabeza, cuatro puñaladas en la garganta, además de cortes en el tórax y heridas en las muñecas.

Zaeta tenía entonces 19 años. Uno de los factores que lo complican como posible autor o partícipe del homicidio es que tenía las manos hinchadas al momento de su detención, y marcas en el cuerpo. En la indagatoria, que entregó por escrito con su abogado, Carlos Telleldín, admitió que le dio dos golpes en la mandíbula a Gutiérrez apenas entraron a su casa, ya que practica boxeo. Se desmayó, intentó atarlo con precintos que se rompían, y lo amarró con sogas. Su versión dice que quien finalmente le causó la muerte fue Gómez. Su relato saltea los cortes en la garganta, que se efectuaron con un cuchillo de la casa del propio Gutiérrez.

El joven contó que Gutiérrez lo había contactado cuatro meses antes por WhatsApp “con intenciones sexuales” y diciéndole que le gustaban “los jovencitos”. Pasaron a comunicarse por Telegram y a conocerse. Un día estaba en la cabaña de Gómez, con quien tiene una relación “de años”, donde “cultivaba marihuana y vendía droga”. Ese día Gómez, según el relato de Zaeta, advirtió en su celular que estaba en contacto con Gutiérrez y le dijo: “estás de novio con un millonario”. Luego Gómez le propuso “un negocio”, con un favor mediante, y bajo promesa de que lo protegería.

“Me dijo que tenía que juntarme con Fabián Gutiérrez, seducirlo para concertar un encuentro sexual, luego reducirlo, y taparle los ojos para robarle. Que si lo hacía iba a ser una persona muy rica y que nadie en Calafate me iba a hacer nada, porque Gutiérrez siempre andaba con mucha plata y tenía en su casa millones de dólares. Me dijo que si no llegaba a ayudarlo en este negocio, me podía traer problemas. Que en ese encuentro solo nos íbamos a quedar con el dinero, que nadie iba a salir lastimado”, señala el texto de la indagatoria. Lo que Gómez le planteaba era que se llevarían “el dinero negro que tenía Gutiérrez de la corrupción” y que su razonamiento era que no podría denunciarlos porque era “plata en negra”.

Gómez era para Zaeta alguien supuestamente admirado porque siendo muy joven tenía casa, autos, motos y mucho dinero. Eso dijo ante el juez, a lo que agregó que era difícil negarse a sus pedidos. El plan de taparle los ojos a Gutiérrez apuntaba a que Gómez pudiera entrar a la casa sin ser visto y verificar dónde estaba la plata. Le decía a Zaeta que se quedara tranquilo, que él “tenía gente poderosa atrás que nos iba a cuidar a los dos, pero después del robo se me iba a llenar la cama de dólares”. Así, durante dos meses sedujo a Gutiérrez con mensajes, fotos y videos que le indicaba Gómez, declaró. El día del encuentro final, Gómez le dijo que iría con Pedro Monzón, un amigo suyo, porque era corpulento, practicaba judo y era de su confianza.

La secuencia descripta por Zaeta indica que después de golpearlo le tapó los ojos, y llamó a Gómez, quien al instante llegó con Monzón. Gómez comenzó a hablarle a Fabián Gutiérrez con la voz distorsionada, preguntándole donde tenía la plata y con amenazas de matarlo. “No sé de qué dinero me hablan”, respondía Gutiérrez según Zaeta. “Dale, yo sé que lo tenés, a mí no me vas a mentir, nos conocemos”, le decía Gómez, siempre en esta versión. Como el ex secretario de CFK no respondía, Gómez y Zaeta fueron a la planta alta a ver si encontraban dinero. De acuerdo a la investigación judicial, sabían que había por lo menos 25.000 dólares en la casa, por la venta de un vehículo, pero ese dinero desapareció y, de hecho, Zaeta no lo mencionó en su indagatoria. Sí dijo que encontró 90.000 pesos, que los dejaron luego con el cuerpo.

Monzón quedó en la planta baja pero Gutiérrez se zafó y se metió en el baño. Los otros dos escucharon un grito y bajaron. Gómez, contó Zaeta, logró abrir. “Gómez y Monzón lo golpearon varias veces en el cuerpo y lo redujeron nuevamente (…) Facundo Gómez trae una piedra del patio de atrás de la casa y se la da en la cabeza varias veces (una piedra de grandes dimensiones), casi hasta reventarle la cabeza, no tranquilo con eso, agarró la soga y se la pasa alrededor del cuello ahorcándolo”, sostuvo al detallar el asesinato. “Me asusté muchísimo, mi único fin era sacarle el dinero, no dejarlo sin vida a Gutiérrez”, enfatizó. “Gómez –continuó– nos dice que envolvamos el cuerpo con una alfombra y lo subamos a la camioneta, que después él se iba a ocupar de todo y que sus contactos nos iban a limpiar”. Zaeta contó cómo siguieron obedientemente sus instrucciones, limpiaron el lugar y se deshicieron del cuerpo, la piedra y todo lo que habían utilizado. “Yo me voy, háganse cargo. Si hacen las cosas bien mañana mi gente los cuida”, aseguró que dijo Gómez.

Según Zaeta, Monzón y Gómez pactaron acusarlo a él. Pero su teoría es que Monzón fue engañado, igual que él mismo, y declaró en su contra por temor. “Fuimos engañados por Gómez, con la idea de ir y que Gutiérrez tenía millones de dólares. Pero entiendo que Gómez tenía otras intenciones por lo que hizo en ese momento, dando muerte a Gutiérrez de forma sorpresiva y atroz. También me llamó la atención que en ese momento nos diga que nos llevemos la tele y el equipo de música”, dijo. Gómez tenía una agencia de autos, y lo que dice Zaeta es que “en el pueblo se comenta que todas las camionetas RAM que vendió eran de Gutiérrez, al igual que las Toyota SW4”, y que está convencido que tiene otra escondida. Que cuando hablaba de su “socio”, se refería a Gutiérrez. Cree que Gómez quiso matarlo después de los hechos, y que por sus “contactos políticos y mafiosos” cualquier cosa que le pase será atribuible a él.

Zaeta desvinculó a su hermano Agustín, también detenido, lo que coincide con la pesquisa, que encontró huellas de solo tres personas en la casa de Gutiérrez. La descripción general del hecho de Zaeta coincide con la que hay en la causa hasta ahora, aunque habrá que ver qué papel tuvo cada uno: se trató de un asesinato sin planificación aparente tras un intento de robo, algo lejano a una especulación con absurdas connotaciones políticas, como pretendió un sector de la oposición para vincular el asunto a la ex presidenta.

El criminalista Raúl Torre sostuvo que “no hay que confiar en las declaraciones indagatorias de los imputados cuando hay pluralidad de autores, ya que es común que traten de ponerse cada uno en una buena posición frente a la imputación”. “El planteo sería: fueron todos menos yo”, señaló. Torre señala coincidencias del relato de Zaeta con la cuestión fáctica, la evidencia física y la autopsia: Gutiérrez se soltó, se metió en el baño, lo sacaron, hubo un elemento contundente que resultó ser una piedra, pero falta explicar quién dio las puñaladas. Ahora se verá qué evalúa el juez Narvarte sobre la responsabilidad de cada quien.    

 “¿Quién mató a Fabián Gutiérrez?”, preguntó el juez Joaquín Cabral, mirando a los ojos a Pedro Monzón, uno de los tres jóvenes imputados en el homicidio del exsecretario de Néstor y Cristina Kirchner ocurrido hace casi cuatro años. Fue el momento de mayor suspenso en la primera jornada del juicio oral que tiene a tres jóvenes de 22 y 23 años sentados en el banquillo de los imputados, acusados de asesinato con alevosía.

Si yo digo esto, va a quedar en un registro para siempre. No sé concretamente quién lo mató. Tengo una opinión propia. Yo creo que fue Facundo Zaeta”, dijo Monzón, el único de los tres procesados que aceptó prestar declaración indagatoria en esta etapa judicial y someterse a las preguntas del tribunal la fiscalía, la querella y los abogados de los otros imputados. Atrás quedaban dos horas de una declaración minuciosa con detalles de lo ocurrido esa noche. Entre sollozos y pedidos de perdón, el joven de 22 años declaró sentado en medio del escenario del Complejo Cultural municipal, donde se realizan las audiencias.

El 4 de julio del 2020, la aparición sin vida del exsecretario de los Kirchner, semienterrado en el predio de unas cabañas de esta ciudad, conmocionó al país. Desde la noche anterior, tres jóvenes estaban detenidos en la comisaría de la ciudad implicados en la desaparición. Monzón fue el primero en quebrarse y confesar el lugar donde habían dejado el cuerpo.

Monzón tenía 18 años, era deportista de alto rendimiento y trabajaba como cadete en la concesionaria de autos de la familia Gómez. Facundo Gómez era su jefe. La fatídica noche del 2 de julio, acompañó a Gómez, un año mayor, a realizar una tarea, después del horario de trabajo. Al llegar a la casa del exsecretario presidencial, los esperaba Zaeta, con un escenario tenebroso: la casa ensangrentada y el cuerpo de Gutiérrez maniatado y golpeado en el piso

Me arrepiento de no haberme ido y buscar ayuda, yo no sé si la familia [de Fabián Gutiérrez] se encuentra presente, le ofrezco mi respeto y pésame, pero qué se le puede decir a una mamá que perdió a su hijo de una manera tan brutal”, dijo el joven con la voz entrecortada por el llanto. Y agregó: “Lo único que puedo es pedirle perdón, no hubo un solo día que no haya pensado en lo que pasó esa noche”.

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