Tomar mate estando al volante, es más grave que conducir en ojotas. También: el caso Tamara Castro

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Hace algunos días, desde la provincia de Mendoza se desató una polémica que se constituyó en tema nacional de conversación: La infracción de $1.200 recibida por un hombre al manejar en ojotas sorprendió a muchos, pero esta prohibición está expresamente contemplada en la legislación provincial: «Es obligación de los conductores el uso de calzado apropiado para el manejo y control total de los pedales de embrague, freno y acelerador del vehículo a su mando». Consultando en Catamarca, desde Tránsito de la Municipalidad de San Fernando del Valle dijeron que hay una legislación similar, aunque no tan estricta, y en todo caso no hay registro de una sanción semejante, aplicada en nuestro territorio.

Ahora, desde el diario Uno de Mendoza, volvió a generarse otro debate, esta vez más relacionado con una de nuestras principales costumbres. Desde ese medio, se consigna que tanto como conductores, motociclistas o simples peatones, día a día, cometemos múltiples infracciones a la Ley de Seguridad Vial que pueden traernos sólo una advertencia o una cuantiosa multa. En este caso, hablamos de tomar mates manejando, algo que no está permitido y puede generar una sanción económica de hasta $12.000.

Es muy habitual que cuando uno se disponga a salir de paseo sea el acompañante el encargado de proveerle de mates, refrescos o comida al conductor del vehículo pero la legislación también sanciona este tipo de situaciones. Lo mismo corre para los choferes de micros de larga distancia, para quienes son habituales estas costumbres.

El decreto Nº 326 es el que reglamenta la ley N° 9.024, allí se contempla que el dominio efectivo de un vehículo incluye «la conducción con ambas manos sobre el volante, salvo al momento de cambio de velocidad o circunstancias de fuerza mayor justificada». Este tipo de infracciones se consideran «gravísimas», según explicó el jefe de la Policía Vial, Ernesto Gómez. «Sería como estar hablando por celular», comentó. Por lo tanto, una multa por este motivo puede ir de $9.000 a $12.000.

La ley también establece que esta obligación «se extiende en la conducción de motocicletas, cuatriciclos, catriciclos cabinados, triciclos, ciclomotores, motos eléctricas, bicicletas con o sin motor, o similar, donde deberán conservarse ambas manos sobre el manubrio».

Sin multas pero infracciones al fin

En uno de los ítems iniciales, el escrito aboga por «la construcción de una red de ciclovías o sendas especiales para la circulación peatonal, de bicicletas o similares». Pero también establece que «los conductores estarán obligados a utilizarlas». Es decir, que ante la existencia de una vía dispuesta para este uso, los ciclista no deberían utilizar las calles para transitar. A pesar de considerarse una falta, quien no la cumpla puede recibir solo un llamado de atención.

Otro artículo que puede provocar sorpresa es que «los peatones en zonas urbanas, únicamente pueden transitar por las aceras u otros espacios habilitados a este fin». Esto significa que está expresamente prohibido que los peatones utilicen la calle para desplazarse. Sin embargo, Gómez admitió que se trata de una cuestión cultural y muy arraigada en algunas zonas.

Regular de acuerdo a la realidad 

«Hay infracciones que la gente comete porque estaba habituada a costumbres que, hoy en día, la densidad demográfica no las permite»,  
indicó el jefe de la Policía Vial.

En casos de faltas leves, se prioriza el llamado de atención de quienes cometen desobediencias antes de aplicar multas. «Nuestro objetivo principal no es sancionar. Por ejemplo, de las 500 actas que hace la policía vial por día, solo el 0,3% tiene a ciclistas como responsables», comentó el efectivo con respecto a las cientos de situaciones con las que se encuentran de forma cotidiana. Sin embargo, parece que somos hijos del rigor a la hora de tomar conciencia. «Hizo falta que se hiciera pública la infracción al conductor con un calzado inadecuado para que la gente se diera cuenta de que esta prohibición existe desde hace mucho tiempo», se lamentó Gómez.

Triste antecedentes: La folklorista que encontró su muerte en una ruta.

A comienzo de diciembre de 2006, Tamara Castro fue una de las cuatro víctimas fatales de un choque cerca de Rafaela, provincia de Santa Fe. Según un testimonio, el mate que se le derramó a su esposo fue el desencadenante de la tragedia.

La crónica de aquel momento decía: «Cuatro personas, entre ellos la joven folklorista Tamara Castro de 34 años, murieron en un violento accidente ocurrido en Humberto Primo, donde chocaron una camioneta y un auto, mientras otras seis personas resultaron heridas, una de ellas de extrema gravedad. Una camioneta Peugeot Partner embistió de frente a un Fiat Palio. La artista, viajaba en la camioneta Peugeot junto a su marido y cuatro músicos, quienes habían participado en un festival folklórico La Fortinera, de Humberto Primo. Producto de la colisión también fallecieron los tres ocupantes del Fiat Palio, oriundos de Santa Fe: un hombre de 54 años, su cuñada y su suegra, mientras su esposa se debatía entre la vida y la muerte.

Elibio Reyes, bandoneonista del grupo folklórico que acompañaba a Tamara, contó que el accidente se produjo porque al conductor se le derramó un mate que estaba tomando, lo que hizo que diera «un volantazo y se encontró con un vehículo de frente. Recién salíamos de Humberto Primo y nos íbamos para actuar en Chascomús, fuimos a cargar nafta y veníamos por la ruta tomando mate. Lo que me cuenta el violinista es que Sergio, el chofer y marido de Tamara, hizo un movimiento porque se le cayó el mate. Allí pegó un volantazo y encontró el único vehículo que venía de frente», contó Reyes.


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