Te quiero mucho, Silvita, que en paz descanses

No sé qué hora era, pero estaba terminando de preparar los últimos detalles para el programa Zona Negra, en Radio Valle Viejo, cuando un compañero de trabajo entró al Servicio Informativo de la radio, donde me encontraba, y me preguntó si era verdad que había muerto Silvia Pacheco. Yo no sabía nada, y mientras conjeturábamos, desde otro lugar de la emisora pusieron al aire el «Último Momento» con la tristísima noticia. Quedé con la mente en blanco por unos segundos, con mil imágenes poblando mi memoria acerca de aquellos entrañables momentos que pude compartir con esa inigualable cantora que tantas veces, de manera generosa, vino a mi programa Vía Libre para darme el gusto de cantar para mí. Así lo sentía yo.

Se me hizo un puto nudo en la garganta, cuando a los pocos segundos llamaron a mi celular. Era Roxana Mercado, quebrada en un llanto desconsolado, desgarrador, preguntándome si era verdad que había muerto Silvia. No me salían las palabras, tuve que tragar saliva, contenerme, pensar en otra cosa, tratar de evadirme, para pedirle piadosamente: «cortá, Ro… por favor, cortá, estoy tratando de concentrarme para el trabajo que viene». Hubiera querido abrazarla, llorar juntos, pero a mi alrededor había un programa deportivo, otra actividad, la vida.

Me daba cuenta que se me humedecían los ojos, y fingí estar «normal» por esos minutos, pensar en los detalles de Zona Negra a casi dos horas de la puesta al aire, pero no pude. Entré a Facebook y busqué alguna publicación donde hubiera una foto de Silvia conmigo. Me apareció una del 20 de julio de 2022, justo el Día del Amigo, cuando ella nos visitó en el stand de Radio Valle Viejo durante una jornada de la Fiesta del Poncho de ese año. Además de la foro, yo había escrito aquella vez: «Uno de los placeres que me da la radio, es tener a Silvia Pacheco así, al ladito, como si cantara sólo para mí. Una artista de tremenda talla esta catamarqueña adorada por su público. Esta tarde volví a estar con LA MEJOR, sin dudas». Copié la foto, la pegué para una nueva publicación, y sin disimular la inmensa tristeza que ya me había superado, escribí a modo de semblanza: «Querida amiga, cuánta tristeza… qué inesperada tu partida. Nos respetábamos mucho y nos queríamos más. Te voy a extrañar. Buen viaje, buena gira, amiga querida, Silvita, para mí, y la Gran Silvia Pacheco para todos y para siempre ❤️«.

Después, a los pocos minutos, salí de la radio para caminar y despejarme por algunos minutos, recorriendo las calles que circundan nuestra emisora, recordando sus saludos en mi teléfono celular para las fiestas navideñas o de fin de año, o cuando me decía que siempre aceptaba mis invitaciones para cantar en mi programa, porque era muy agradecida de la admiración hacia ella que percibía sincera de mi parte. De tal manera la valoré siempre, que muchas veces dije al aire en mis programas que, sin desmerecer a nadie, por la única persona que pagaría una entrada para ir a verla cantar en Catamarca, era por ella. Remarco la frase «sin desmerecer a nadie» porque, y para que se entienda, no soy «del palo» del folclore, y mi eterno reconocimiento hacia Silvita era (y es) por considerarla una «distinta».

Fue tan generosa conmigo que, una vez, visitándome en la siesta de la radio, accedió a un capricho mío y cantó por primera vez un tango de manera pública. Y en otra ocasión se me enojó cuando, en broma, le dije que interpretara un reggaeton. Por eso la admiraba y la voy a admirar para siempre: por su autenticidad, por ser directa, por decir las cosas como las sentía. Me resultaba increíble escucharla, dolida, pedir a los intendentes del interior de Catamarca que la contraten para sus festivales. Ella, la artista más grande del folclore de la provincia, era lo suficientemente humilde como para utilizar el micrófono de una radio, pidiendo el reconocimiento que largamente merecía, y no se le otorgaba, salvo excepciones. Ahora, supongo, esas mismas personas que la ignoraron y que le hicieron daño, estarán programando homenajes tardíos.

Silvia Pacheco es y será una artista con todas las letras. De las más importantes de Catamarca. Que la mediocridad catucha en muchas ocasiones no lo haya percibido, es un problema de la mediocridad catucha. Ella, Silvia, era admirada por otros tremendos artistas, como Mercedes Sosa o Rubén Juárez, y el público local se ponía de pie para aplaudirla largamente en cada presentación. Ese reconocimiento, ese premio, estará siempre muy por encima de cualquier otra consideración. Porque eso no se pide. Eso se le otorga naturalmente a quienes lo merecen. Te quiero mucho, Silvita. Que en Paz Descanses.

Jorge Claramonte


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