Lo condenan a 14 años y medio de prisión por odio a la identidad de género hacia una mujer trans

Un hombre fue condenado hoy a 14 años y medio de prisión por el intento de asesinato agravado por odio a la identidad de género de una mujer trans a la que en 2019 atacó a golpes con un martillo y ahorcó hasta creerla muerta, en el barrio porteño de San Nicolás, informaron fuentes judiciales.

La condena fue dictada de manera unánime por el Tribunal Oral Criminal (TOC) 5, que consideró a Cristian Scigliano (35) culpable del delito de «homicidio agravado por odio a la identidad de género y mediando violencia de género, en grado de tentativa», en perjuicio de María Celeste Sequeira (38), lo que fue considerado un fallo «histórico» por organizaciones representantes del colectivo trans.

«Volvió la felicidad a mi cuerpo, no estamos solas», dijo la víctima durante una conferencia de prensa, tras conocerse la sentencia de los jueces Fátima Ruiz López, Adrián Pérez Lance y Enrique Gamboa, cuyos fundamentos se darán a conocer el martes 6 de abril.

La presidenta del TOC comunicó también que Scigliano tiene prohibido contactar a la víctima telefónicamente, por correo electrónico, mensaje de texto, redes sociales o cualquier otro medio ni tampoco por intermedio de otra persona.

El fiscal de juicio Juan Manuel Fernández Buzzi había pedido para el acusado una condena a 20 años de prisión al considerar que cometió el ataque por «odio a la identidad de género» y escapó del lugar cuando la víctima fingió estar muerta.

«Este fallo sienta un precedente por la cantidad de años que le dieron y porque el proceso reconoce la identidad trans, para nosotros también es histórico porque la Justicia no demoró tanto y la mayoría de los casos quedan impunes», dijo Martina Ansardi, integrante de la organización «La Nelly Omar».

El hecho ocurrió el 14 de agosto de 2019 cuando Scigliano ingresó a la vivienda de la víctima con la excusa de terminar unos arreglos que había comenzado a hacer en el baño.

El condenado y Celeste se habían conocido un tiempo antes porque ella era trabajadora sexual y habían retomado el vínculo por redes sociales, informó la web fiscales.gob.ar.

Según determinó el tribunal, el hombre llegó al departamento cerca de las 20 luego de un intercambio de mensajes donde él insistía para ir y ella se negaba, aunque finalmente aceptó.

En un momento, la mujer ingresó al baño y recibió una descarga eléctrica por un cable que el acusado había dejado allí.

Scigliano aprovechó que cayó al suelo para comenzar a golpearla con sus puños y después con un martillo, que dirigió directamente a su cabeza.

La secuencia de violencia continuó cuando le rompió la ropa que llevaba puesta, quiso asfixiarla y después la llevó hacia la ventana e intentó arrojarla por el balcón, hasta que ella fingió estar muerta y él escapó.

Tras el ataque, la víctima pidió ayuda como pudo y fue trasladada al hospital, donde tuvo que ser atendida de urgencia por las heridas que presentaba, entre ellas, una fractura de cráneo.

En el juicio, la víctima contó las lesiones gravísimas que sufrió en su cabeza; la internación y la operación por la que tuvo que pasar; además de la deformación en el rostro que afectó su integridad.

También mencionó el cuadro de estrés post traumático que sufrió y las graves afectaciones que padece hasta ahora.

Luego del ataque, el hombre se fugó y fue detenido un mes después en la ciudad de Verónica, provincia de Buenos Aires, luego de la investigación que realizó la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 8, a cargo de Marcela Sánchez.

Para Ansardi, el fiscal Fernández Buzzi realizó un «desempeño ejemplar» dado que, generalmente, a la Justicia «le queda muy grande la perspectiva de género».

«Demuestra que cuando hay voluntad se pueden hacer las cosas bien y se puede tener justicia para los colectivos vulnerados», destacó.

En su alegato, el fiscal había explicado por qué la tentativa de homicidio se había dado por odio a la identidad de género.

Allí, repasó la normativa legal en Argentina y sostuvo que este tipo de homicidios se originan en la “aversión” que tiene el agresor contra su víctima.

“Además de matar, se busca censurar a la víctima”, manifestó el funcionario judicial, quien añadió: “Los homicidios por odio no son cualquier homicidio: están dirigidos a un grupo muy vulnerable y no se han visto reconocidos históricamente ni social ni policial ni judicialmente como hechos de gravedad”.

Fernández Buzzi había expresado que estos «hechos son graves no solo por la afectación a la vida que puedan tener sino porque van contra la identidad de género, contra la libertad de una persona de ser quien se siente que es”.

En este caso, la agresión se vio acompañada de una serie de insultos. “Morite, p… Te voy a matar, te voy a desfigurar, no vas a servir ni para repuesto”, le repetía el agresor a la víctima mientras la atacaba.

“El nivel de violencia fue más allá de la intención de matar sino que estuvo destinado a borrar a la víctima”, dijo el fiscal Fernández Buzzi en su exposición, y concluyó: “Scigliano utilizó distintas formas para agredirla no sólo para matarla, sino para mostrar su odio”.

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